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jueves, 6 de abril de 2017

EL SENTIMENTO DE UN NIÑO, TAMBIEN TIENE QUE SER ESCUCHADO


Ya sabéis que últimamente os hemos ido colgando algunos artículos, pero en estos días que el mundo del deporte base ha estado más revolucionado, he encontrado y leído este artículo, que me ha parecido INTERESANTÍSIMO, y que creo que todos deberíamos de leer.
Ni mucho menos es para dar toque de atención a nadie, ya que creo que en este grupo, en esta comunidad deportiva del Basquet Tío Jorge, que formamos mucha gente, desde educadores, padres y sobre todo y los más importantes, los chavales, no se da afortunadamente, ningún caso llamativo y escandaloso.  Todos protestamos alguna vez, pero educadamente, a veces las protestas son buenas.
Simplemente espero que lo leaís con atención, y nos paremos un poco para reflexionar, todos, incluidos los entrenadores-educadores, si realmente merece la pena el preparar estos follones que se están viendo últimamente.
Un saludo a todos, y felices vacaciones de Semana Santa.



Queridos papá y mamá:


No quiero que vengáis más a verme jugar. Al menos no quiero que vengáis de la manera en la que soléis venir. Estoy harto de que increpeis a mis compañeros, a mi entrenador, a los rivales, a los árbitros e incluso a otros padres. Me avergonzais. Yo me apunté a este deporte siguiendo vuestros sabios consejos. Te vendrá bien hacer deporte, decíais.  Asi podrás jugar con niños de tu edad, decíais. Aprenderás muchas cosas importantes para la vida, decíais. Lo que no me dijisteis es que vosotros ibais a ser unos ultras en la grada. Eso me ha pillado totalmente por sorpresa.

No vengáis más, por favor. Dejadme jugar tranquilo. Ya ni siquiera sé si de verdad de mayor quiero dedicarme a esto. Me estáis robando la ilusión con vuestras broncas y vuestros gritos a todo lo que se mueve. Parad ya. Mis compañeros no son mis enemigos. Juntos entrenamos toda la semana y hacemos caso a todo lo que nos dice el entrenador. Nos lo pasamos bien y nos respetamos. Unos somos, o son, mejores que otros, pero nos da igual, no nos picamos entre nosotros. Nuestro objetivo es entrenar para que el sábado nos salga un buen partido. Así que dejad en paz a los que en teoría decís que son unos chupones y que me quitan minutos. Son mis amigos. Y somos un equipo.

Dejad en paz a mi entrenador. Es joven y también está aprendiendo. Lo hace lo mejor que puede y nos está enseñando un montón de cosas. Él quiere que todos estemos contentos y eso es muy difícil, pero aún así lo intenta. Así que dejad de gritarle que me saque. O dejad de dar instrucciones técnicas por encima de las suyas. Lo que diga él va a misa. Nosotros lo tenemos claro, ¿por qué os cuesta entenderlo a vosotros?

El árbitro también suele ser un chaval joven. Jope, dejadle en paz también, de verdad. Qué necesidad tiene él de aguantar a cuatro carcamales todos los sábados diciéndole todo lo que está haciendo mal. Ser árbitro es muy difícil. No se lo pongáis más aún. Cuando se equivoque, es nuestro entrenador el único autorizado a protestar, e intentará hacerlo de la mejor manera posible. No metáis más presión desde la grada, por favor. No la necesitamos y desde luego el árbitro tampoco.

Los del otro equipo no son un batallón de terroristas a los que hay que aniquilar. Son niños igual que yo. Tampoco tenéis que increparles nada a ellos. Dejadles en paz. Si alguno saca los pies del tiesto tendrá que decírselo su entrenador, primero, sus padres, después y, si es necesario, actuará en consecuencia el árbitro. Vosotros no tenéis que decirle nada a nadie del otro equipo. Y mucho menos a sus padres.

Solo se me ocurren dos opciones: o dejáis de venir vosotros o dejo de venir yo. Así no podemos seguir. Si estáis frustrados por vuestros trabajos, por el paro, porque la abuela está mala o por lo que sea, tendréis que buscar otras válvulas de escape. Lo de venir a liberar energía a mis partidos se acabó. Se acabó porque habéis convertido mi pasión en una tortura. Yo no quiero ser el mejor del mundo. Tengo ilusión, claro que sí, pero ilusión por jugar bien. No me metáis pájaros en la cabeza con ganarme la vida del deporte. Eso solo lo podrán hacer unos cuantos tocados con una varita mágica. Yo solo quiero ser feliz.

lunes, 13 de febrero de 2017

BALONCESTO Y EDUCACIÓN EN VALORES

Baloncesto y educacion en valores
                 Los padres, actitud y relaciones. 


A la hora de valorar la actitud de los padres y madres de los jugadores/as, debemos pararnos un momento a pensar cuáles son los objetivos que los entrenadores de minibasket deben plantearse y a partir de este punto entrar a valorar si la actitud de los padres y madres ayuda o entorpece la labor desarrollada para la consecución de dichos objetivos.
En este artículo parto de la premisa de que nuestro primer objetivo será la diversión de los niños y niñas que forman parte del equipo. Este concepto es básico, puesto que sobre él edificaremos todo nuestro trabajo posterior. Si el niño o niña no se divierte, jamás conseguiremos que tenga la motivación necesaria para aportar el esfuerzo que necesita todo proceso de aprendizaje. Cuanto más pequeñas/os sean nuestros jugadores/as, mayor hincapié tendremos que hacer en el aspecto lúdico. APRENDER DEBE DE SER DIVERTIDO.
Después nuestro siguiente objetivo será el de formar personas, lo que en la moderna terminología educativa se conoce como Educación en Valores, para, en último lugar, enseñar baloncesto. Una actitud no adecuada (evitaremos siempre que podamos el término negativo por las connotaciones que posee) de los padres y madres afectará sobre todo a ese objetivo de educar en valores y a la diversión que sus hijos/as encontraran en el deporte, quitándoles la motivación necesaria para aprender a jugar.
Ahora, ¿cuáles son esos valores que queremos transmitir a las jugadoras/es? Básicamente respeto. Respeto por sus compañeros, respeto a su entrenador, respeto por las reglas, respeto por el/los árbitro/s, respeto hacia los rivales, respeto por el deporte, por el juego. También debemos intentar inculcar a los niños/as nuestro amor por el deporte, enseñarles a trabajar en equipo, la importancia de la salud, y otro montón de actitudes que necesitan para desarrollarse como personas en sociedad y para las que el baloncesto es una excelente herramienta.
Pasemos ahora a analizar alguna de las actitudes de los padres y madres que seguramente os encontraréis en vuestro quehacer diario como entrenadores de minibasket:
  • Durante un partido el padre o/y la madre protesta la decisión de los colegiados. El niño/a aprende que a esas personas se les puede gritar, faltar al respeto, insultar si en un momento han tomado una decisión que creemos que nos perjudica, que no nos ayuda a ganar. Entonces ganar se convierte en lo importante.
Si además el padre y/o la madre culpa a los colegiados de la derrota, el niño verá que la victoria es lo importante, además de aprender a eludir la responsabilidad, impidiendo con eso la motivación para la mejora.
SIN ÁRBITROS NO SE PUEDE JUGAR. SON UNA PARTE DEL JUEGO TAN IMPORTANTE COMO EL BALÓN O LA CANASTA.
  • El padre y/o la madre comentan que su hijo/a debería haber jugado más. Aquí el niño ve como se cuestiona la autoridad del entrenador/a además de la valía de los demás compañeros/as. Además de empezar a pensar en sí mismo como algo mejor que el colectivo, vuelve a ver que la victoria es lo importante, lo más importante.
  • El padre o/y la madre cuestionan las decisiones del entrenador/a (todos tenemos un entrenador dentro, además es el mejor) y además lo hacen por sistema. El niño/a se encontrará entre dos fuegos. No sabrá si hacer caso a su padre/madre o a su entrenador/a. Haga lo que haga no acertará. Esa presión le hará perder entusiasmo, el juego ya no será divertido, ya no aprenderá.
EL ENTRENADOR ESTÁ PREPARADO PARA EDUCAR A LOS NIÑOS/AS.
  • Los padres gritan, insultan o molestan al contrario (no digamos nada si lo que hacen es amenazar). El niño/a no respetará a ese contrario, le verá más como un enemigo que como un rival. Una vez más lo único que importa es esa victoria. A cualquier precio. Por cualquier medio.
SIN RIVALES NO SE PUEDE JUGAR. SIN RIVALES NO SE PUEDE MEJORAR. RECORDEMOS QUE LOS JUGADORES/AS DE NUESTRO EQUIPO SON LOS RIVALES DE LOS OTROS JUGADORES/AS.
  • El padre o la madre analizan el partido en términos “¿habéis ganado?” (O más grave aún “¿has ganado?”, personalizando la cuestión). Una vez más, la victoria lo puede todo. El esfuerzo, la superación personal, la diversión, etc., no tienen importancia. Sólo el resultado cuenta.
LA VICTORIA ES IMPORTANTE. PERO ES MÁS IMPORTANTE EL CÓMO SE CONSIGUIÓ.
  • El padre o la madre fuma durante los entrenamientos o los partidos. Independientemente de que estos sean al aire libre o en un pabellón cerrado, debéis intentar que nadie fume o beba alcohol durante el tiempo de deporte. Los niños no deben de unir esas situaciones. Ya que no podéis evitar la exposición del niño en otros ambientes a esos ejemplos de conducta, al menos debéis evitar que asocien el deporte y el divertimento que alcanzan con él a conductas no saludables. Además debéis, lógicamente, evitar esas conductas en vosotros mismos. Sois un modelo para los jugadores/as y como tal os debéis conformar.
  • El padre o la madre no atienden en los entrenamientos o partidos. El niño puede ver esto como una desidia hacia sus asuntos (igualmente si los padres no asisten a entrenamientos ni partidos). Esto puede mermar su motivación. Y ya sabemos, sin motivación no hay esfuerzo. Sin esfuerzo no hay aprendizaje.
Nuestro objetivo es educar por ello no debemos olvidar que la educación es un proceso constante y global.

El niño o niña está en todo momento aprendiendo (al igual que nosotros) y es por eso que debemos ser aliados de los padres (y de todo aquel que tenga un papel activo en la educación de los niños/as) y tirar todos del carro en la misma dirección

miércoles, 1 de febrero de 2017

QUÍTALES EL MOVIL, NO EL BASKET

Os dejamos un artículo, que nos gustaría que echaseis un vistazo, es bastante interesante.




“Quítales el móvil, no el basket ” 


La excusa de ‘eran otros tiempos’ cuando comparáis vuestra infancia a la de vuestros hijos no os la compro. Día a día, muchos de vosotros, tratáis de limitar las capacidades de los más pequeños. Viven anclados al chupete en una burbuja donde siempre hay un adulto para solucionarle hasta el más mínimo de los problemas. Pensáis que eso les ayuda y no os dais cuenta del terrible error que estáis cometiendo.
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La que escribe no es madre pero lleva 9 años tratando a diario con los más pequeños en las canchas de baloncesto. Tiempo más que suficiente para sacar mis conclusiones a base de la experiencia que tengo acumulada.
Echando la vista atrás, recuerdo mis inicios en el mundo de la canasta. Allá por el año 98 comenzaron los entrenamientos de lunes a viernes, los partidos de fin de semana, los torneos por toda la geografía…
Por aquella época, sólo una causa mayor te impedía ir a entrenar. Si faltabas, tenías que ser tú el que llamara al entrenador o entrenadora para darle las explicaciones pertinentes. Papá y mamá no tenían que dar la cara por ti.
Si había partido y no jugabas, tus padres te animaban a trabajar más y mejor para ganarte los minutos de cara al próximo encuentro, no se enfrentaban al entrenador para reclamar minutos. Como en las notas del cole, antes la culpa era del niño, ahora es de los profesores que les tienen manía.
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Si te olvidabas de las zapatillas, de la toalla o de las chanclas para la ducha había que fastidiarse y a la semana siguiente tener más ojo a la hora de preparar la bolsa del deporte. Sabéis por qué? Porque nosotros sabíamos preparar las cosas sólos. Incluso, – mirad qué locura – si te caías en un partido, tus padres no saltaban al banquillo a atenderte. Te atendían los técnicos.
Por aquellos tiempos los entrenadores eran profesionales a los que las familias admiraban y respetaban. Eran tiempos felices. Nadie se metía en su trabajo y nadie juzgaba sus decisiones. Hoy, al cirujano nadie le dice como tiene que operar, pero con el entrenador hay carta libre. No os resulta increíble la capacidad de muchas familias para adquirir conocimientos técnicos y tácticos a gran velocidad? El día a día en la mayoría de pabellones.
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Y qué me decís de los castigos sin baloncesto o el “Fulanito no va a entrenar porque tiene que estudiar? Eso ya es lo más! Quitadles el móvil, no el baloncesto! Ambas cosas son compatibles.
Debéis enseñarles a organizarse bien. Aprenderán que, con esfuerzo y sacrificio, las cosas llegan. Disfrutarán de los éxitos posteriores y crecerán con los fracasos. Sabrán que, ante un deporte de equipo, si fallas, le estás fallando al grupo y entenderán que, si se quiere, hay tiempo para todo.
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La superación, la tolerancia, la ilusión, el esfuerzo y el compañerismo son valores que vienen dados en el propio deporte y que les quedarán para toda la vida. Dejad que lo disfruten y enseñadles a valorarlo.

Soltadles un poco. Dejad que tomen sus propias decisiones, que aprendan a equivocarse y que entiendan lo que es el compromiso y la disciplina. Que el deporte es mucho más que tres horas semanales de ejercicio físico para los más pequeños. Que con cada cuota se paga a una persona que trabaja por vocación, se ayuda a un club a seguir creciendo y se apoya a una entidad que, día a día, trata de hacer a vuestros hijos e hijas felices.

miércoles, 3 de diciembre de 2014

USTED ES SU PADRE, NO SU ENTRENADOR

Aquí os dejamos un interesante artículo para que echéis un vistazo.   Nos gustaría que lo leyerais y podamos todos reflexionar un poquito.
Esperamos que os guste.




¡¡USTED ES SU PADRE, NO SU ENTRENADOR!!



Los niños practican deportes por diversión. Olvidar esta máxima y generar presión en los hijos es el mejor camino para conducirles a que lo abandonen
“Me siento triste cuando mi padre me regaña después del partido. Me dice que no he jugado con intensidad, que así no seré nunca un jugador de Primera, que fallo en los pases porque me falta concentración. Y mi madre le apoya.  Dice que juego como si no me importara ganar.  También me echan en cara que se gasten dinero en mí y que me dedican muchas horas llevándome y recogiéndome de mis entrenamientos y partidos.  A mí me gusta jugar, me gusta aprender cosas nuevas, dar un pase de anotación, estar con amigos, ganar, pero tampoco me importa mucho perder, porque eso es lo que nos dice el entrenador.  Pero últimamente ya no disfruto, vengo a jugar los fines de semana nervioso, pensando que si no le gusto a mi padre, lo oiré gritar desde la tribuna, me dirá que me mueva, que espabile, y a veces me siento tan nervioso que no sé ni por dónde va el balón.  Si vale la pena seguir viniendo cuando ya no disfruto.  Pero si decido no jugar más, también les voy a decepcionar”.

 
Son muchos los padres y madres que acompañan a sus hijos a los partidos, competiciones y entrenamientos.  Se sientan en la grada, observan, les dan directrices y se involucran en el deporte de sus hijos como si ellos fueran los que dirigen.
Si como padre o madre desea sumar, tenga en cuenta el siguiente decálogo:
1.        Recuerde el motivo por el que su hijo hace deporte.  El principal es porque le gusta.  Existen otros, como practicar una conducta sana, estar con amigos o socializarse.  El objetivo no es ganar.
2.        Comparta los mismos valores que el clubdre le apoya. Dice que juego como si no me importara ganar. También me echan en cara que se gasten dinero en mí y que me dedican muchas horas llevándome y recogiéndome de mis entrenamientos y partidos. A mí me gusta jugar, me gusta aprender cosas nuevas, dar un pase de anotación, estar con amigos, ganar, pero tampoco me importa mucho perder, porque eso es lo que nos dice el entrenador. Pero últimamente ya no disfruto, vengo a jugar los fines de semana nervioso, pensando que si no le gusto a mi padre, lo oiré gritar desde la tribuna, me dirá que me mueva, que espabile, y a veces me siento tan nervioso que no sé ni por dónde va el balón. Si vale la pena seguir viniendo cuando ya no disfruto. Pero si decido no jugar más, también les voy a decepcionar”.
Son muchos los padres y madres que acompañan a sus hijos a los partidos, competiciones y entrenamientos. Se sientan en la grada, observan, les dan directrices y se involucran en el deporte de sus hijos como si ellos fueran los que dirigen.
Si como padre o madre desea sumar, tenga en cuenta el siguiente decálogo:
1. Recuerde el motivo por el que su hijo hace deporte. El principal es porque le gusta. Existen otros, como practicar una conducta sana, estar con amigos o socializarse. El objetivo no es ganar.
2. Comparta los mismos valores que el club. Busque un centro deportivo afín a su filosofía de vida.
3. No dé órdenes. Solo apóyele, gane o pierda, juegue bien o cometa errores.
4. No le obligue a entrenar más, ni a hacer ejercicios al margen de sus entrenamientos. Su hijo no es una estrella, es un niño. Aunque tenga talento, puede que no quiera elegir el deporte como profesión y solo lo practique por diversión.
5. No presione, ni dé directrices, ni grite, ni increpe, ni maldiga; no haga gestos que demuestren a su hijo que se siente decepcionado por su juego.
6. Respete a todas las figuras que participan en la comunidad deportiva: entrenador, árbitros, otros técnicos, jardineros…
7. Controle sus emociones. No se puede verbalizar todo lo que pasa por la mente. Las personas educadas no muestran incontinencia verbal.
8. Nunca hable mal de sus compañeros. Los otros niños forman parte del equipo. El objetivo grupal siempre está por encima del individual. Y hablar mal de sus colegas es hablar mal de la gente con la que comparte valores, emociones y un proyecto común.
9. Modifique su manera de animar. No se trata de corregir al niño, sino de reforzarlo.
10. No inculque expectativas falsas a su hijo, como decirle que es un campeón, que es el mejor y que si se esfuerza podrá llegar donde quiera.
La felicidad de los niños está por encima de todo. Siéntase siempre satisfecho con lo que haga, gane, pierda o cometa errores. Felicítele por participar más que por competir. Y recuerde que su hijo hace deporte para divertirse él, no para que lo haga usted.
. Busque un centro deportivo afín a su filosofía de vida.
3.       No dé órdenes.  Solo apóyele, gane o pierda, juegue bien o cometa errores.
4.       No le obligue a entrenar más, ni a hacer ejercicios al margen de sus entrenamientos. Su hijo no es una estrella, es un niño.  Aunque  tenga talento, puede que no quiera elegir el deporte como profesión y solo lo practique por diversión.
5.       No presione, ni dé directrices, ni grite, ni increpe, ni maldiga; no haga gestos que demuestren a su hijo que se siente decepcionado por su juego.
6.       Respete a todas las figuras que participan en la comunidad deportiva:  entrenador, árbitros, otros técnicos, rivales….
7.       Controle sus emociones.   No se puede verbalizar todo lo que pasa por la mente.  Las personas educadas no muestran incontinencia verbal.
8.       Nunca hable mal de sus compañeros.  Los otros niños forman parte del equipo.  El objetivo grupal siempre está por encima del individual.  Y hablar mal de sus colegas es hablar mal de la gente con laque comparte valores, emociones y un proyecto común.
9.       Modifique su manera de animar.  No se trata de corregir al niño, sino de reforzarlo.
10.   No inculque expectativas falsas a su hijo, como decirle que es un campeón, que es el mejor y que si se esfuerza podrá llegar donde quiera.

 

LA FELICIDAD DE LOS NIÑOS ESTA POR ENCIMA DE TODO.  SIÉNTASE SIEMPRE SATISFECHO CON LO QUE HAGA, GANE, PIERDA O COMETA ERRORES. 

FELICÍTELE POR PARTICIPAR MÁS QUE POR COMPETIR.  Y RECUERDE QUE SU HIJO HACE DEPORTE PARA DIVERTIRSE ÉL, NO PARA QUE LO HAGA USTED.

viernes, 21 de noviembre de 2014

REFLEXION COMO PADRES Y MADRES


UN MOMENTO DE REFLEXIÓN COMO PADRES Y MADRES

 
 

·         ¿"Empujo" o animo demasiado a mi hijo/a a hacer deporte y a participar en competiciones?

 
·         ¿Soy de los que le dan indicaciones técnicas a su hijo/a durante una competición o antes después de la misma?

 
·         ¿Me desespera o irrita que mi hijo/a o su equipo pierdan con otros que pienso que no son tan buenos?


·         ¿Le he demostrado alguna vez mi enfado al entrenador/a de mi hijo/a por no contar en él como titular del equipo o por asignarle un puesto que creo no le corresponde?

 
·         ¿Suelo recriminar al árbitro durante una competición cuando su actuación no me ha parecido acertada?

 
·         ¿He recriminado o discutido abiertamente alguna vez con los padres de otros deportistas durante un entrenamiento o una competición?

 
·         ¿He ridiculizado alguna vez al adversario delante de mi hijo/a?


·         ¿He hablado alguna vez despectivamente del comportamiento y de la forma como el entrenador/a de mi hijo/a hace su trabajo?


·         En algunas ocasiones, ¿le doy demasiada importancia o critico el resultado de mi hijo/a en una competición?

 
·         ¿Sueño con que mi hijo/a sea algún día un/a gran campeón/a?

 
       Responder con un Sí a todas o varias de las preguntas anteriores, puede indicar una excesiva implicación en la práctica deportiva de tus hijo(s) o hija(s)
 

·         ¿Amenazo a mi hijo/a, e incluso llego a castigarlo con dejar de hacer deporte cuando no va bien en los estudios o hace algo mal?

 
·         ¿Suelo molestarme o mostrar poco interés en acompañar a mi hijo/a a los entrenamientos o competiciones?

·         ¿Me molesta o muestro poco interés en acudir a una reunión o a hablar con el entrenador/a cuando éste/a me cita?


·         ¿Pienso que mi hijo podría dedicarse a otro tipo de actividades más provechosas que hacer deporte?


En este caso, responder con un Sí a todas o a varias de estas cuatro últimas preguntas, puede indicar rechazo o apatía a la práctica deportiva de tus hijos.

 

En ambos casos, tu hijo a tu hija, puede estar experimentando una excesiva presión que podría contribuir a provocar desajustes emocionales, deterioro de la relación familiar, pérdida de motivación o interés por la práctica del deporte e, incluso el abandono del mismo.

viernes, 28 de febrero de 2014


GANAR DE CUALQUIER MANERA

El baloncesto de formación parece que está tendiendo peligrosamente hacía una “profesionalización” excesiva con unos niveles de exigencia que muchas veces no están acorde con la edad de los jóvenes jugadores. Y todo para ganar.

El exceso de competitividad desde cada vez más temprana edad lleva a ver escenas que provocan vergüenza ajena. Padres vociferando en la grada contra el árbitro que en la mayoría de los casos es un chaval que también está aprendiendo y cuyo interés más allá de ganarse unos euros para sus gastos cotidianos consiste en intentar hacerlo bien. Y lo peor es la ansiedad que esos excesos competitivos suponen para los jóvenes jugadores, con unas exigencias que no se entienden ni en aras de descubrir al nuevo niño prodigio del baloncesto.

Algunos padres no sólo creen que su hijo es el mejor sino que casi hacen cábalas sobre la futura carrera profesional de sus vástagos (véase el cortometraje del artículo “Los Padres en el Baloncesto”) como si esa fuera la esencia del deporte infantil sin entender que el objetivo en la base debe ser afianzar valores que además de en el deporte tengan sentido para la futura vida de esos jóvenes: el respeto por compañeros y adversarios, el trabajo en equipo, tomar el esfuerzo y concentración como las bases de la mejora deportiva y personal, aceptar y comprender la existencia de unas reglas del juego, inculcar la actividad deportiva como parte de una vida saludable, y muchos más.

También tenemos a entrenadores que tomando como ejemplo el baloncesto profesional tratan de poner en practica con sus equipos de formación aquello que ven por la tele cada fin de semana como si sus jugadores tuvieran las habilidades de esos grandes atletas que nos deleitan cada día por las canchas de la NBA. Así se podrá ver como jóvenes que todavía están aprendiendo y apenas saben botar y pasar, sin embargo sí hacen la jugada x o y que les marca el entrenador desde la banda cual estratega en plena “Final Four” de la Euroliga. Todo vale con tal de ganar.

Y no todo acaba con esos conocimientos tácticos que algunos tratan de demostrar en la base, sino que incluso en ligas de minibasket en las que el reglamento obliga a que jueguen todos los jugadores, los entrenadores tiran de argucias varias como fingir lesiones durante los partidos o simplemente realizar convocatorias para tratar de mantener en pista a sus “mejores” jugadores a fin de ganar como si ese debiera ser el objetivo principal de esos equipos. Y pongo las comillas porque hablar de mejores o peores cuando apenas se tienen 10-11 años es una aberración, y es que no parece edad para ir realizando ya una selección pues el crecimiento deportivo de chicos/as tan jóvenes es muy variable a esas edades, y quien ahora parece torpe y con escasa proyección puede mejorar mucho con el tiempo (y sobre todo con actitud y entrenamiento). Un ejemplo en edades más avanzadas (junior) fue Pau Gasol, que no era el más destacado entre sus compañeros de generación cuando se proclamó campeón de Europa y del mundo con la selección española, y sin embargo evolucionó hasta ser el mejor jugador de la historia del baloncesto español.

Que se premie con más tiempo de juego a quienes demuestran mejor actitud, es decir, esfuerzo e interés, no sólo es natural sino necesario si queremos inculcar en los jóvenes aquellos valores que aporta el deporte. Ahora bien, ¿cuántos entrenadores permiten al “bueno” del equipo que campe a sus anchas durante los entrenamientos (da igual si falta) para luego ser quien más juegue en los partidos? Y todo para ganar.

Por supuesto, los jóvenes no tienen culpa, y ésta corresponde a padres y sobre todo entrenadores que sólo se preocupan de sí mismos pensando que ganando se convertirán en entrenadores de éxito, teniéndose en cuenta sólo el presente y no el futuro deportivo y personal de esos jóvenes.

Recuerdo durante un curso de entrenador que uno de los profesores, había entrenado chavales de base en equipos de la elite del baloncesto español (llegó a ser ayudante en la ACB), se quejaba amargamente por haber “destrozado” la afición al baloncesto de algunos jóvenes al dejarles sin jugar por el afán meramente competitivo, es decir, todo por ganar.

El titular de este artículo coincide con la traducción que se hizo por aquí del título de la película “Blue Chips” (1994) en la que se contaba las vicisitudes de un entrenador que incumplía las reglas de reclutamiento para fichar buenos jugadores que reforzaran su equipo universitario. El “circo” mediático y económico además de la estructura organizativa que rodea aquel baloncesto, hace que estemos ante otro baloncesto “profesional” en el que la victoria está casi por encima de cualquier otra consideración.

Si no queremos sentirnos también culpables en el futuro como aquel profesor y el entrenador de la película, rebajemos las exigencias competitivas de los más  jóvenes, enseñemos e intentemos que aprendan para que además de mejorar como deportistas lo hagan sobre todo como personas, y demos mayor importancia al aprendizaje de valores por encima de los resultados, porque aunque muchos se empeñen en ello, la esencia del baloncesto amateur no es ganar de cualquier manera.


Escrito por Jorge Sanz en: http://www.jordanypippen.com/index.php/masbasket/reflexiones-de-entrenador/

miércoles, 20 de noviembre de 2013

HISTORIAS DE UN ENTRENADOR DE FORMACIÓN

 
ESTUDIOS Y BALONCESTO


Las situaciones que vive cualquier entrenador de baloncesto en categorías inferiores son múltiples, ya sean positivas o negativas, pero que siempre invitan a la reflexión. Y la siguiente me llamó la atención por la poca consideración que en ocasiones se le tiene al deporte (en este caso el baloncesto) como un peldaño positivo más en la formación de los jóvenes.
Estudiar
En otro tiempo, la conocida excusa de tener que estudiar para faltar a un entrenamiento y/o partido era reservada a ocasiones excepcionales. Hoy en día no hay entrenador que escuche esa cantinela decenas de veces durante la temporada. Y en mi caso no es una excepción. Pero lo último fue cuando una joven de tan sólo ocho años puso tal pretexto para justificar su ausencia de los entrenamientos de una semana.

Nadie puede dudar que los estudios estén muy por encima de otras actividades (baloncesto incluido) para jóvenes o no tan jóvenes, pero que una niña de tan corta edad necesite apenas tres horas de una semana para estudiar no habla muy bien de la gestión que de su tiempo hacen sus padres.

La verdad es que la pequeña se limitó a comentar la justificación que le habían dado los padres pues ella quería entrenar-jugar, pero ellos preferían que aprovechara ese tiempo para el estudio. ¿Tan cargada es su agenda como para no disponer de tiempo suficiente para estudiar, entrenar, y cumplir con otras actividades?

Los tiempos cambian, pero aplicando el tópico, uno fue cocinero antes que fraile, o sea que también estudió, y no recuerdo que a esa edad ni hasta mucho tiempo después sintiera el más mínimo agobio por los estudios de tal modo que no me permitieran disfrutar de cantidades ingentes de tiempo libre para jugar. Y nunca dejé de aprobar hasta conseguir superar los estudios superiores.

A mi juicio tales situaciones se dan porque existen multitud de alternativas de ocio ya a tan temprana edad que hace que se pierda tal cantidad de tiempo en menudencias que poco o nada aportan a la chavalería, y eso unido a la mala gestión del tiempo libre provoca situaciones cuasi surrealistas (a mi parecer) como la descrita.

Esta demostrado que
el deporte es una actividad muy saludable en el desarrollo personal de los jóvenes, y no sólo por cuestiones físicas sino por la multitud de valores que implica, y cuya enseñanza y aprendizaje contribuyen a su formación que les valdrá para toda la vida.

Sin embargo no siempre la formación deportiva es considerada como un pilar básico de la formación en los jóvenes por muchos padres que simplemente lo ven como una actividad extra más que permite rellenar el tiempo de sus hijos sin darle la importancia que a mi entender merece.

Por supuesto también tengo la suerte de haber vivido casos opuestos en los que esa importancia si era dada por los progenitores, y por los chavales que sin faltar a entrenar no dejaban de cumplir con sus obligaciones estudiantiles consiguiendo no solo hacerlo bien en el deporte sino también en los estudios (con orgullo puedo decir que entrené a actuales médicos, ingenieros…) adquiriendo una madurez y responsabilidad muy útil para el futuro de sus vidas.

Esos ejemplos demuestran que capacidades aparte, la clave está en saber administrar el tiempo disponible para ocuparlo con los diferentes apartados importantes de la vida de nuestros jóvenes: estudios, deporte, familia, ocio, descanso, etc.

domingo, 10 de noviembre de 2013

MI HIJO Y SU ENTRENADOR

MI HIJO Y SU ENTRENADOR

Me ha sorprendido gratamente la cantidad de opiniones que he podido escuchar a lo largo de mi trayectoria sobre el papel de los padres en la iniciación deportiva de sus hijos.  Me gustaría que leyeseis este artículo y reflexioneis sobre las actuaciones,que a veces sin darnos cuenta,  tenemos los padres hacia nuestros hijos.
 

Siempre me ha gustado diferenciar, dentro del deporte escolar, entre los jóvenes deportistas, verdaderos protagonistas de la actividad, y los adultos que les acompañamos. Evidentemente la familia es el primer actor “secundario” donde se tienen que dar los ingredientes necesarios para que se tome la decisión de empezar con la práctica deportiva.


Pero, una vez tomada esa decisión, ¿Dónde practicar, donde llevar a nuestro hijo? Podemos pensar que cualquier opción es buena. El club del barrio, el colegio, las escuelas de la federación, un club potente de nuestro municipio… ¿Porqué no va a ser así?

Si algo he aprendido desde que tengo hijos es que, en la iniciación deportiva hay excelentes técnicos y algunos que no lo son tanto, al igual que en cualquier otro ámbito de la sociedad: abogados, pintores, albañiles, médicos… los hay buenos, malos y regulares.

Pero, ¿Qué hay que pedirle a un técnico deportivo? Para ser gráficos, diferenciemos entre adiestradores y educadores. Si damos por buena las premisas del anterior post, evidentemente buscaremos educadores. Que estén formados en el deporte en concreto, sin duda, pero que sean conscientes de que hemos dejado en sus manos un diamante en bruto que todo lo absorbe.

Como muestra un botón. Hace unos meses me toco ver como un entrenador de un equipito de futbol sala benjamín daba “ordenes” a sus chicos con un cigarro en la mano. ¿Educativo? Es un detalle que le inhabilita para llevar un grupo de jóvenes, no es consciente de lo que él representa para ese conjunto de chavales.

Son muchos los perfiles, mas allá de la formación deportiva, de los entrenadores o técnicos que se hacen cargo de nuestros hijos. Pero como digo, podemos diferenciarlos en los adiestradores, que no son conscientes del poder y de lo que les están transmitiendo a los más jóvenes y que únicamente piensan en lo “técnico, lo táctico y lo físico”. Y los educadores, que sí son conscientes de que su papel va mas allá de la transmisión de unos conceptos deportivos. 

Se dice que un niño es fiel reflejo de sus padres. Pues hay un momento en que también es reflejo de su entrenador, hasta tal punto que a veces, incluso su opinión es más tenida en cuenta por nuestro hijo, que la nuestra.

No dejes a tu hijo en manos de cualquiera. Se exigente con el perfil “oculto” del técnico deportivo de tu hijo, de esa manera, todos remaréis en la misma dirección.

He sido deportista escolar, federado e internacional. He sido entrenador de deportistas escolares, federados e internacionales. Y ahora soy padre. Y he visto y sufrido “adiestradores”, y he visto y vivido con “educadores”. Solo espero que si algún técnico se da por aludido con este texto, reflexione. Los entrenadores no deben ser protagonistas, solo facilitadores y el exceso de protagonismo denota que sus objetivos no son los que deberían ser.

Es opinión.
  Gracias por perder un ratito de vuestro tiempo.